sin asunto (poema=
El primer día sin ti
no fue un espacio común
sino desconocido,
recóndito
El hombre que te encontró
es el principal sospechoso.
Pero yo solo creo en tus manos,
y ya no en las mías.
Nunca supiste si eras fuerte.
El primer día sin ti
no fue un espacio común
sino desconocido,
recóndito
El hombre que te encontró
es el principal sospechoso.
Pero yo solo creo en tus manos,
y ya no en las mías.
Nunca supiste si eras fuerte.
Vivir es combatir. Aunque denigre y duela, vivimos cosechando victoria tras victoria. La victoria de las sangres, la de los comienzos, la de todos los días y las noches. La batalla es la vida sin condiciones ni exigencias, porque es nuestra y vivir es combatir.
Tus ojos benditos se posan sobre mi conciencia
como tus palabras dulces y tus miradas de plata
tú, que fuiste razón para mi existir
y tantas noches llenaste mi vacio infinito
desde la distancia hueca de tu indiferencia
Te me niegas ahora, angel que brilla y sangra
néctar de palidez y melancolía en mis entrañas
y te mantienes oculta bajo la trampa de mi destino
aunque mis dedos sueñen con la desnudez oscura
de la piel de tu alma misteriosa
te me niegas, y mis sueños cabalgaban en tu misterio
hacia la luna rota y la estrella perdida
y tu destino se aleja de las yemas de mis dedos
mientras mi cuerpo se aleja lentamente de tu alma
y tus labios carnosos se alejan de mi alcance
Te me niegas, me rompes, te clavas y haces daño
cuando compadeces mi secreto con tu lágrima hundida
y tratas de suavizarme con tu lástima
ciega de amor, muda de deseo
y sorda para plegarias de almas rotas
te me niegas y aun brillas en mí largo rato
porque tus alas inmensas cubren mi infinito perdido
aunque tu verdad desnuda toca con sus senos
las puertas más ocultas de mi laberinto
hasta lo más profundo de mi pensamiento
Contesta, angel caido, universo perdido de tez oscura
Te me niegas y no comprendo,
pues tu aura de cariño inmortal es tan inmensa
y tus ojos con su profundidad humillan al cielo
pero te niegas, te me escondes, me rechazas, desapareces
me abandonas, no perdonas, te me cierras, te me ocultas
y dejas que mi alma y se oscurezca y agonice
ante las ruinas descalzas de tu indiferencia
Vine para decir
(es mucho, antes
vine y nada)
aunque ya sabrías
que podía,
que pude olvidarte
y no quise hacerlo
Y que esperar
no me fue un trabajo
ni de esfuerzo, ni de paciencia.
Porque esperarte
es más fácil que olvidar
También he roto con los espejos
con las esquelas y con los calendarios
las vistas, las vidas
y los recuerdos que huelen a plomo.
También he esperado,
un tiempo parecido a este mismo,
a este hoy, a este ahora.
También esperé que llegaras de lejos,
y que no recordaras.
Y nunca supe,
si estaba todo por suceder
o si ya había sido, apreté los ojos.
Tú tampoco supiste.
Se me acabó la fuerza y te solté la rienda, se me fue por la boca y también las razones, como siempre.
Como cuando me despedí de ti, me quedé sin fuerzas.
Por eso estoy aquí, vine para no encontrarte. Un día te seguí y también perdí las razones para quedarme.
– “Yo había venido para estar contigo, ya no tengo que seguir aquí”.
Es que no me gusta el invierno, y allí siempre hace frío, siempre es todo el tiempo del mundo. El frío llega a sentirse por dentro, lo respiras y ya está dentro de ti.
He respirado hondo, he pensado en como lo hago, me tumbo, aprieto las manos, tenso los músculos, imagino que una burbuja recorre mi cuerpo y llega hasta mi corazón, he escuchado sus latidos y he descubierto que no hay dos que sean iguales.
En menos de 20 años habrá tan pocas ballenas que será como si no existieran o como si no hubiesen existido nunca, no se que diferencia hay. Yo creo que nunca he visto una, para mi es como si ya no las hubiera.
Estoy aquí buscando ballenas, luego no sé.
De mis tres vidas más recientes, me quedo con la última, la que añoré cuando no era ni siquiera un recuerdo, y la que recordaba cuando aún no había llegado.
Me tocó ya no ser un niño, pero lo fui de todas maneras, siempre se me dio bien mentir, todos entendieron justo lo contrario, nunca lo supieron.
Mis últimas vidas se intercambiaban pero siempre supe cuales eran las verdaderas o cual era la de verdad, que era esta.
Una vida en la que lloraba de veras, no de mentira, que no es lo mismo aunque también sea llorar. De alegría no sé hacerlo, nunca lloré de alegría ni de mentira.
Me tocó una vida en la que reía por dentro, es difícil sostener a una persona feliz, lo sé, es más fácil acompañar en un mal momento, es sencillo, porque de esa manera miras desde arriba. Es difícil mirar desde abajo. Tan difícil como decir adiós.
He dicho adiós tantas veces que para mí ya no es difícil, si lo es empezar y empezar y empezar. Por eso no empiezo, continuo, después de cada adiós había principios, casi nunca había finales, siempre lo parecían, gasté alguna vida para saberlo y lo aprendí casi al final, justo al principio.
Perlas transparentes que caen como flechas
sobre las sucias aceras
para limpiar las almas que son de papel,
y empapar a las verdaderas.
Madre primigenia
que tras la paradas,
arracimas los corazones
devolviéndolos a su condición primera,
esencia de la que nunca debieron apartarse
creando una inmensa tristeza.
No te olvides de volver
porque el sol salga,
pues la tierra esta sedienta de sinceridad
y yerma por las mentiras vanas;
y necesita que revivas su verdor
descargando con fuerza tu agua,
impregnandolo todo de nuevo
con tu gris esperanza.
Los espejos, el reloj de cuerda, galerías, las habitaciones, los tahúres. Todo lo había dejado atras, aún así seguía conservando las mismas dudas.
- Pero es que en realidad no sé que es lo que me pasa.
- ¿No lo sabes? Eso es algo que debe saberse. Hay diferencias.
- Es que no sé si tengo miedo o si estoy triste.
- En realidad son casi la misma cosa, eso si es verdad. Pero si quieres saber, debes preguntarle a tu corazón.
- Si le pregunto a mi corazón… Mi corazón lo que tiene es miedo.
Apenas si quedaba nada en pie. Ni siquiera ladraban ya los perros, estaban justo en la mitad del camino. La ciudad, a lo lejos, hacía señales de humo, las luces apenas si parecían brasas o algas iridiscentes.
Cruzaba los dedos mientras caminaba, se mordía los labios. Miraba al suelo para no ir calculando la distancia a cada paso.
“Yo que te enseñé a cruzar los charcos cogido de mi mano…“.
Apenas si podía creer lo que habían visto, era igual que lo que vio en su sueño.
“Se me olvidó coger más agua. Ahora tengo sed, se me ha secado la garganta”.
- No quiero dejarte sin agua, tú también necesitarás beber.
Estaba cansado, pero se dio cuenta de que no quería llegar a su destino, fue ralentizando sus pasos.
- Sí, lo que siento es miedo.
Despertó en mitad del mundo.
Un haz de luz le golpeaba la frente, despertó por un tenue calor.
Sentía una sensación maravillosa, no recordaba absolutamente nada. Si siquiera lo que le había llevado allí. A la ciudad más grande del mundo, donde se paraban los relojes nada más llegar.
Su mente se fue nublando, para aclarase después y todas las dudas desaparecieron una tras otra, sin hacer señales.
Sabía que lo que ocurre no se diferencia según la idea de lo justo o las de la injusticia, también comenzó a recordar que llegó de donde las cosas no huelen a nada.
Supo que no puso el corazón suficiente, solo por eso estaba allí, porque no supo vivir con miedo. Ya sabía que no era una segunda oportunidad.
Entendió todo, lo había vivido antes en el sueño, en cada sueño todas esas noches. Y esa seguridad. Algo horrible estaba a punto de suceder.
Es que se había repetido mil veces antes. Mil noches. Duraba horas, de principio a fin.
El crepúsculo, el aullido, todo se vuelve rojo, como una explosión. Por eso no me daba miedo, no me era desconocido. El miedo y la ignorancia, son muy parecidos. Mis momentos de miedo y los de incertidumbre casi siempre han sido los mismos.
Los lobos lo rodearon todo, como la primera noche, como la noche que me asusté.
Pasé de estar solo, a estar rodeado por todas esas respiraciones, retrocedí, ni siquiera me miraban, yo los miraba, caminaba de espaldas, cada vez más rápido, me giré, detrás de mí los aullidos cada vez más cerca, salté las piedras, las zarzas, no todas, caí en una de ellas, me arranqué las púas con los dientes y seguí corriendo y corriendo…
A salvo, advertí que no me había seguido, que aún formaban un círculo, aullaban entre las ruinas, ausentes, ni siquiera me habían escuchado, yo sí y todo parecía un llanto enorme, sobrecogedor.
¿Ves? Por eso no me da miedo.
Ya no será. No nos quedaba tiempo de nada, ni de cerrar los ojos, ni de suspirar.
Intenté respirar hondo, como tú me decías, pero el aliento se me quedó a la mitad. Cómo las lágrimas, que se me quedaron dentro casi todas.
Dicen que por eso parece que se hincha la garganta y no se puede tragar nada, yo ya lo sabía, pero lo hice de todas maneras, me aguanté el llanto queriendo. Sabía que después no iba a poder pararlo.
También porque me dio vergüenza hacerlo delante de todos, porque sabía que me miraban, así como con lástima, como si yo estuviera lejos o no me diera cuenta.
En mi habitación aún se escuchan cosas, se oye tu voz también. Si pego la oreja a la pared, oigo la radio, como siempre, sin distinguir una palabra de otra, de fondo, como una música o un susurro.
Me he dado cuenta de que yo tampoco puedo dormir si nada más que hay silencio, es como si me quedara en medio de la nada, flotando en el aire. También que no me gusta recordar cosas, ni leer los libros de entonces, ni ir al parque, ni volver a ningún sitio.
Tampoco me gustan los uniformes, ya no me gustan las guerras y procuro demasiado estar solo.
Una cosa, casi nunca grito, ahorro agua y electricidad, pero tengo mal humor, como siempre, un rato al día.
Cuando pienso en ti, casi nunca vuelvo ya a ese momento.
Pero también lo recuerdo: la voz de mi padre al final del pasillo, los pasos que no terminaban por el miedo. La ventana abierta llenaba de frío la habitación.
Mi presentimiento.
Lo olvidé, pero volvió y nunca supe a tiempo que significaba, lo adiviné después, claro, entonces si.
No me es extraño el camino de regreso. El trayecto tiene la forma de un círculo, tan minúsculo que parece que no me he movido.
Reconozco mis huellas y mis pasos buscan los pasos que ya recorrí. Despacio. Los recuerdos nuevos y los antiguos se confunden, son los mismos.
Duele menos, parece más corto.
Me prometí que no volvería, pero sé que no puedo dudar. No te habría olvidado nunca. Ahora sé que te olvidaré.
Puedo caminar con los ojos cerrados y perderme dentro de mi, pienso que tengo suerte, que respiro, me siento vivo, oigo latir mi corazón, se hincha y se hace chico, cada vez más grande y cada vez más pequeño, parece que puedo controlarlo.
Dos latidos nunca son el mismo, nunca son iguales. Se aprende cuando se ve un corazón por dentro.
Tengo suerte, parece un milagro, me siento vivo. Siento que no hay nada demasiado importante, respiro hondo, me olvido de las quejas, de las dudas, miro dentro de mí y ya no me parece que no haya nada. Los recuerdos antiguos se pierden, los nuevos ya no parecen la misma cosa. Te recuerdo desde lejos, también yo lo estoy si cierro los ojos.
Sigo caminando.
Hiel compuesta de veneno,
engendrada de un mal curado desamor;
caverna oscura de los sentimientos,donde habita retorcido el rencor.
Un día creí ver en tus ojos el verdorde mi paraíso perdido;pero pronto sus frágiles árboles fueron derribados
por el viento de la incomprensión.
Ahora nada de ti espero,
más que me dejes adentrarme
por los profundos valles del olvido;
lugar por el que deambularé sin rumbo
hasta encontrar el abrigo
de un verdadero corazón.
La primer vez que te ví
Le dijo el alma a la mente:
Ese día también quería besarte.
Me quedé esperando. Junto al coche.
También cuando te fuiste, esperé. Pensaba que te darías la vuelta para besarme, después que lo haría para mírame, pero me quedé sin hacer nada. Supe que no ibas a volver, aunque después se me olvidó y miré más veces. Otros días también miré. Y el teléfono, por si habías llamado.
Ya no voy a esperar a que me beses, ni a que me mires. Ni tampoco te voy a acompañar al trabajo, ni esperarte para volvernos juntos. Ni voy a hablar bien de ti.
Le voy a contar a todos como eres, no para que piensen mal, sino para que te conozcan. Para que sepan. Para que sepan tus mentiras y que te crees más listo que nadie.
Más listo que los otros. Por eso te burlas siempre de las cosas que pasan. Crees que nada te puede pasar y van a pasarte y yo no voy a estar.
Eres un desagradecido. Es lo peor que puede ser alguien, porque me debías muchas cosas, me debías estar conmigo más tiempo. Haber ido de viaje, como me dijiste. Todo eso era una mentira.
Ni siquiera me has buscado, y sabes que estaba esperando. Y sabes que me mentías Yo también lo sabia. Quería que dejaras de hacerlo, que llegara el día, en el que ya no quisieras mentirme más. Pero no dejaste de necesitar tus mentiras.
Eres un puto desagradecido.
en medio de una gran y lejana ciudad,
sembrada de semáforos, alzada por rascacielos,
y encendida por los destellos
de millones de luceros.
Enorme y bulliciosa, poblada por una muchedumbre
que deambule por sus aceras
en continuo trasiego:
gigante con alma de cemento y herrumbre.
Quisiera estar, pero no puedo,
sobre la arena de una playa desierta,
en una tarde cubierta
por negros nubarrones,
pero entre los que se asome
por un pequeño claro,
la esperanza de tibios rayos de sol.
Soledad, cuyo único sonido sean los sones
del batir de las olas
y del latir de mi corazón.
Quisiera estar pero no puedo,
en un inmenso prado, radiante de verdor;
frondoso valle
flanqueado de brumas y montañas,
y en cuya sencillez no halle
ni alardes, ni soberbia, ni arrogancia:
lugar en el que pueda regocijarme
en la consciencia de mi propia insignificancia.
Quisiera estar pero no puedo,
en lo más profundo de tus ojos claros,
para luego bajar despacio
por tus pechos,
hasta tocar con mis manos
la llanura de tu vientre,
y acabar dibujando
con mis dedos
la silueta de tus caderas de nieve. Quisiera estar pero no puedo, pero no puedo,
pero no puedo...
En pocas palabras, creo que es una cuestión de memoria y de reconstrucción.
No reconociste, al principio, la habitación, ni sabías si te despertabas aún en la misma noche. No te extrañó verte a su lado. Para ti no tiene ninguna importancia.
Ya no se oía reírse a nadie. Tampoco había silencio. Te debió despertar algún ruido. O soñaste algo. A veces tienes pesadillas, sueñas que te persiguen y te caes, entonces dejas de soñar. Quizás pasó esto...
Yo una vez soñé que el corazón se me volvía pequeño y de color negro. Tan pequeño que no había sitio para ti. Soñé que te ya no te recordaba. Y cuando me desperté no te había olvidado.
Quizás el aún no sepa que a veces gritas aunque estés dormida. Yo tampoco lo sé, no lo sabría si tu no me lo hubieras contado.
No sé porque esto tiene importancia. Debería ser una incertidumbre de lo más remota.
Pero no es esto, ni ninguna otra cosa, lo que me espanta de ti.
Es que no me tienes consideración".
Movía la pasta, el fondo de la olla se fue poniendo negro. La mezcla, espesa, se iba diluyendo, entonces le añadí el coñac, me gusta su olor. Me sentía bien, miraba el fondo negro y me perdía. La cocina estaba desordenada, había utilizado muchos cacharros.
- "Nunca hago caso a mis presentimientos".
Espere a que se enfriara, despacio. Batí la yema, y después hice lo mismo con la clara. Las añadí en el mismo orden. Conseguí evitar los grumos. En el fondo, no afectan al sabor, pero me disgustan.
Tenía un nudo en el estómago, en el fondo yo había dejado que todo ocurriera.
- " ¿Te diste cuenta de que te buscaba? Pues no pienses que era para ver que es lo que hacías, ni con quién estabas, fui hasta allí, para que me mirases y ver que cara ponías al verme."
Aplasto, con los nudillos, la masa de chocolate. Dejo señales en la mezcla. Separo porciones, les doy forma, las redondeo. Intento que sean de tamaños parecidos. Una, sin embargo, será mayor que el resto. He ensuciado mi ropa.
- "Ahora en mi vida solo hay incertidumbre. También la tuya. Tú nunca me dices nada. Tus dudas, tus silencios, nunca sé qué es lo que quieres".
A cada pieza le asigno un trozo de papel, hace frío no hace falta que utilice el frigorífico, esto no lo podría hacer en verano.
- "Voy a pedirte que no vuelvas"