relato sin título
Ya no será. No nos quedaba tiempo de nada, ni de cerrar los ojos, ni de suspirar.
Intenté respirar hondo, como tú me decías, pero el aliento se me quedó a la mitad. Cómo las lágrimas, que se me quedaron dentro casi todas.
Dicen que por eso parece que se hincha la garganta y no se puede tragar nada, yo ya lo sabía, pero lo hice de todas maneras, me aguanté el llanto queriendo. Sabía que después no iba a poder pararlo.
También porque me dio vergüenza hacerlo delante de todos, porque sabía que me miraban, así como con lástima, como si yo estuviera lejos o no me diera cuenta.
En mi habitación aún se escuchan cosas, se oye tu voz también. Si pego la oreja a la pared, oigo la radio, como siempre, sin distinguir una palabra de otra, de fondo, como una música o un susurro.
Me he dado cuenta de que yo tampoco puedo dormir si nada más que hay silencio, es como si me quedara en medio de la nada, flotando en el aire. También que no me gusta recordar cosas, ni leer los libros de entonces, ni ir al parque, ni volver a ningún sitio.
Tampoco me gustan los uniformes, ya no me gustan las guerras y procuro demasiado estar solo.
Una cosa, casi nunca grito, ahorro agua y electricidad, pero tengo mal humor, como siempre, un rato al día.
Cuando pienso en ti, casi nunca vuelvo ya a ese momento.
Pero también lo recuerdo: la voz de mi padre al final del pasillo, los pasos que no terminaban por el miedo. La ventana abierta llenaba de frío la habitación.
Mi presentimiento.
Lo olvidé, pero volvió y nunca supe a tiempo que significaba, lo adiviné después, claro, entonces si.
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