Blogia
timidito

Relatos/poemas

esta mañana he tirado años... (relato)

esta mañana he tirado años... (relato)

Esta mañana he tirado años de mi vida a la basura. En cajas de cartón. Todo ordenado, como siempre. Me deshice, por fin, de mis papeles y de todo lo que no me hace falta guardar para recordarlo. Dejé las fotografías, ni siquiera tiré las tuyas. Que lo sepas.

 

Recordé el olor de la arena, la impaciencia, como podía oír el latido de mi propio corazón. Como todos los del pueblo bajaban a la playa, los nervios, el miedo a seguirlos. Lo preparé todo, como si pudiera salir de casa. Junto a la puerta, el cubo más grande, como contaban todos.

 

Miraba por la ventana, iban todos. Todo aquello se convirtió en seguida en un acontecimiento, todo era menos importante. Reconocía todas aquellas sonrisas, su tranquilidad. No era justo.

 

Ese día, aún, ni siquiera pensaba en ti. Solo en lo que había traído el mar. Salí corriendo, mientras oía la voz de mi padre al final del pasillo. No tuve opción de ninguna de las maneras. No paré pero debí llegar el último a la playa. Ya todos se retiraban. La ballena había muerto. Aún así llené mi cubo de agua y lo vacié sobre aquella masa enorme.

 

-         “A veces las ballenas hacen esas cosas, yo lo he visto muchas veces y nunca se puede hacer nada, las aplasta su propio peso”.

 

No era justo, entonces mi estómago se volvió frío. Pensaba en la ballena, en mi huida, en mi padre. Sentí no tenía a donde ir y comencé a caminar muy despacio hacia tu casa.

Relato

No se me olvida que no seguí hasta aquí a tu corazón.

Seguí a ese haz de luz que tú eras, a ese rastro que tú formas. Te seguí porque aún eras luminosa, estaba adivinándote y así te buscaba, con las manos, como un recuerdo justo en el momento de despertar.

Te seguí porque, entonces, era difícil desprenderse de ti y no se me había olvidado, que desde donde yo miraba me parecías transparente.  

Fue por todo eso, por eso que llegué hasta donde tu estabas, por una razón que solo era importante para mi.

La sombra, por David

“Tengo que acabar con ella; antes o después daré con la forma”.Y ese pensamiento revoloteaba de forma opresiva en el interior de mi cabeza, martilleándome, hiciera lo que hiciera, durante todo el día. En un principio y como siempre, creí tan sólo percibirla, apareciendo y desapareciendo fugazmente, difuminada; hasta que al fín, se me mostró de nuevo: su silueta se perfilaba ahora sobre la pared, alargada y siniestra; sinuosa y burlona.

-¡Déjame en paz; márchate de una vez!-le ordené.

-¿ Pero no comprendes que jamás podrás conseguirlo?-me contestó mientras reptaba, deslizándose por los muros; acechándome sin descanso.

Entonces, en un movimiento brusco, me lanzé hacia el interruptor y logré apagar la luz. Y sí, se esfumó súbitamente; pero a cambio, cayeron sobre mí las tinieblas, retorciéndose en remolinos como un monstruo que se enrosca entre una oscuridad infinita, atomentándome. No pude aguantar más y a tientas y de un golpe, volví a encenderla.

-¡Yo no soy como tú!-grité mientras la buscaba a mi alrededor con la mirada.

Esta vez, se alzaba ante mí, gigantesca y formidable; amenazante:

- Dondequiera que exista la claridad, allí me encontrarás.

Porque no estás nervioso

No me vas a mentir, porque no estás nervioso, ni vas a tener remordimientos después. Ni siquiera te tiemblan las manos, ni te cuesta respirar, como a mí. Tampoco te late el corazón.

 

            Yo vine para no dejarte solo, para hacer contigo el camino de ida, y el de vuelta, y que no te pasara nada. No lo hacía por ti, era cosa mía, pero no quería dejarte solo. Por eso es culpa tuya.

 

            No debiste dejarme venir, tú sabías porque lo hacía, era por ti, y por mi también, si, pero porque me equivocaba y no me dijiste nada, dejaste que viniera contigo. Como si no te importara lo que íbamos a hacer. Sí, para mí es como si también lo hubiera hecho, no sólo he estado mirando, porque pensaba en lo que hacías y quería que dejara de moverse y me he alegrado, al principio me sentía tranquila, pero luego ya no.

 

También has dejado que lo vea todo, has dejado que me mire. Yo he oído como nos habló, justo cuando pasamos el río, cuando ya era de día, nos decía cosas.

 

Tú no lo oyes, porque a ti no te late el corazón de esta manera, tócame, a mi me duele ahí, y también me duele todo el cuerpo.

Río negro

Lo sé de sobra. No es que el agua del río parezca negra de noche. Por el día también lo parece, el río tiene las aguas de color negro.

Por eso los llevé allí, porque sabía que no los encontraría nadie, ni aunque los busquen.

Nadie me vió a mi cuando estuve casi en el mismo lugar, pero en un tiempo distinto. No estaba escondido bajo el agua, y no me encontraron, ni me vinieron a buscar. No me buscaron ninguno de los días. Nadie busca allí, todos temen las voces, que yo, desde entonces, sé que no hay.

El día que pensé que ya no volvería al río negro me di la vuelta a mitad de camino, no me bastó con escaparme, nunca ni siendo niño.

Tampoco estaba escondido cuando ellos, los de ahora, me vinieron a buscar. Yo sabía que vendrían a preguntarme, llevaba dos noches esperandolos, llegaron de día, estaba cansado, no me escondí, ya lo dije antes, pero si tenía miedo, por eso creyeron que les pedí que no me mataran en mi casa, que mejor que me llevaran al río negro.

Yo ya sabía lo que pasaría después. Lo había hecho tantas veces. Lo sabía de sobra