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timidito

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De mis tres vidas más recientes, me quedo con la última, la que añoré cuando no era ni siquiera un recuerdo, y la que recordaba cuando aún no había llegado.

 

Me tocó ya no ser un niño, pero lo fui de todas maneras, siempre se me dio bien mentir, todos entendieron justo lo contrario, nunca lo supieron.

 

Mis últimas vidas se intercambiaban pero siempre supe cuales eran las verdaderas o cual era la de verdad, que era esta.

 

Una vida en la que lloraba de veras, no de mentira, que no es lo mismo aunque también sea llorar. De alegría no sé hacerlo, nunca lloré de alegría ni de mentira.

 

Me tocó una vida en la que reía por dentro, es difícil sostener a una persona feliz, lo sé, es más fácil acompañar en un mal momento, es sencillo, porque de esa manera miras desde arriba. Es difícil mirar desde abajo. Tan difícil como decir adiós.

 

He dicho adiós tantas veces que para mí ya no es difícil, si lo es empezar y empezar y empezar. Por eso no empiezo, continuo, después de cada adiós había principios, casi nunca había finales, siempre lo parecían, gasté alguna vida para saberlo y lo aprendí casi al final, justo al principio.

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