Sacamuelas_Caravaggio_1608-09
Supo entonces que, él mismo, había sido terriblemente injusto.
Ya no había tiempo ni de arrepentirse. En realidad era lo único para lo que había lugar.
Bastó ese momento para saber que las nueces se habían reducido a algo tan ridículo que no tenían importancia.
El engaño, la envidia, ya no tenían significado. Los restos del martirio eran el alivio y el recuerdo.
Estaba en equilibrio, como una marioneta colgada de un hilo.
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