Pinochet
Cuando yo era un niño quien realmente me daba miedo era Pinochet.
Durante años veraneamos en Mazagón, en un camping. Un año mis padres conocieron a un matrimonio chileno. Vivían exiliados en Argentina, escaparon de la represión, o ellos así lo pensaban. No estaban señalados, pero huyeron.
Solo una noche, escuché desde donde debía estar dormido una conversación de adultos.
Hablaron de la nieve de Santiago de Chile, que a veces tenía, por las mañanas, manchas de sangre. O del río que jamás situé en algún mapa, que trajo una vez a sus vecinos muertos.
Contaban que la gente desaparecía sin más, que al principio Pinochet les parecía un buen hombre, pero que les pudo el pánico. Hablaban de la mano dura, de los aviones.
Desde entonces, me aterrorizaba ese hombre vestido de militar. Tenía una mirada siniestra, me parecía alto y silencioso. Realmente parecía un asesino. Nunca pude ver su imagen sin sobresaltarme, ni pensar en las manchas de sangre de la nieve.
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