Esperé como si nada para escuchar la radio, no escuché la sintonía, sino una voz que no era la suya que dijo:“"Esta noche no va a haber Rosa de los Vientos, porque se nos ha muerto el alma de este programa, el hombre que lo creó, lo inventó, lo hizo crecer y lo condujo con mano maestra hasta convertirlo en lo más hermoso que puede llegar a ser un espacio de radio: un programa de culto, una parte de la vida de cientos de miles de personas que escuchaban, admiraban y querían a Juan Antonio Cebrián”Es justo eso, parte de la vida, al menos unas horas a la semana, que escuchaba en la cama o delante del ordenador, o grabado en el trabajo, mientras hacía deporte, o en algún trayecto. Y ahora, silencio.
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